
Sos el cosmos que te modeló y te contiene
y esa mota de polvo adherida a tus cabellos.
Y la luz que viene hacia tus ojos a refugiarse
de la sombra infinita que la persigue
desde el remoto tiempo del silencio.
Y el verde, que es juncal y hierba y hojas
de árbol de los días de los frutos y el rumor
del amor en la lluvia y en las estrellas.
Y el sonido de tus pasos sobre la tierra
que está a partir de tu cintura. recorrida
por el parir la danza y las huellas
hasta el agua.,que es una cristalina
manera de recordar los olvidos
sucesivos.
Mujer de Taniperla, la comba morena
de tus caderas copia la cúpula azul
de la noche. A la hora del susurro
íntimo de las constelaciones que dicen
los remotos saberes del tiempo,
tu sangre replica el pulso de los astros.
Mujer de Taniperla, a la hora en que el sol
despierta los colores de tu paisaje,
yo bebería de tu sombra para saciar
la sed ancentral que me dejaron
los espejismos de mi memoria,
y con ese fresco trago oscuro
iluminar los rincones de mi alma
dónde la vida y la muerte pujan
con obtinación de sabuesos empedernidos
por apropiarse del instante preciso, decisivo,
en que empiezan y terminan
las razones indecibles de la vida.
Mujer de Taniperla, en tu luz y tu sombra
se dibujan
los signos que anticipan los rumbos
que recorren incansables, los pueblos.
Yo bebería la brisa de tu aliento
si sólo supiera como quebrar la ceguera
que te vislumbra en el resplandor
de la penumbra que te anida,
mujer de Taniperla.
MUJER DE TANIPERLA
D. 13.03.05 / 11.55’
Un beso. RUBEN
Nota: el montaje del documento adjunto es un regalo posterior -a la vista del poema- de un amigo madrileño (JLH) a otro argentino (Ruben), ambos ciudadanos del mundo.

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