
Los hechos: por razones que no existen, llega a mi correo una invitación para ir a pintar en abril el mural de Taniperla al MAR Ricardo Flores Magón… pintar un mural en el mar me pareció alusinante, pero era claro que a las escuálidas arcas de nuestra autogestión no le iba a dar para el pasaje, sin embargo, sirvió para enterarnos de la historia del mural y que empezáramos a darle vuelta a la idea de pintar uno en nuestra ciudad tan cercana al cemento y ausente de olas.
Luego la vertiginosidad de los días nos hizo abocarnos a los talleres, carnavales, denuncias, bingos y todas esas cosas que hacemos los pequeños y pequeñas de la tierra cuando nos dejamos de ningunearnos.
Pero por ahí por marzo, nos viene la noticia de que va a pasar por Santiago Gloria Muñoz, para lanzar el libro 20 y 10 entre el fuego y la palabra, y nos invitaron a participar y medio también a ayudar a coordinar la historia. Así es que se ancló otra vez la aventura del Mural. En un par de reuniones a las que convocamos a varias brigadas muralistas autónomas y siempre llegó solo una o dos, nos pusimos a divagar y ya lo teníamos pintado en nuestra mesa por segmento en varias poblaciones de Santiago con letreros de “continúa en…” y “viene de…” al más puro estilo cortazariano, pero empezamos con eso de que somos tan pocos, siempre llegamos los mismos, y como que se iban desinflando las ganas. Finalmente, cuando quedaba solo una semana para que llegara Gloria, que era la fecha pretexto que nos habíamos impuesto, nos volvimos a juntar gente de la Garrapata, la Matraka y yo (que no soy muralista), y un buen día lunes nos decidimos: trabajemos con lo que hay y no con lo que nos falta. ¿qué tenemos? no nos hemos podido conseguir un muro tan grande, nos ha ido mal con la pintura, no han llegado las otras brigadas, no hay plata, pero tenemos un proyector y las ganas. ¿Lo hacemos igual? Lo hacemos. Pintémoslo en tela, en cuatro paños para que sea más fácil trabajarlo y para que podamos transportarlo a los distintos lugares donde se va a lanzar el libro… yo tengo un contacto de telas (llamamos y conseguimos género muy bueno y muy barato en una fábrica que quedaba al lado de donde trabajaba uno de los muchachos, que nunca se había enterado de que ese recinto era una fábrica de telas). Necesitamos maderas, para los marcos… hablemos con la gente del Pehuen, de pudahuel y con los Traperos de Emaús… se habló y hasta surgió el transporte para que las fueran a dejar a la casa de en ese tiempo Memoria MIR (ahora ya cambió de nombre) que se consiguió Andrés, de la matraka. Tenemos la tela y el lugar donde pintarla y la proyectora para dibujarla… la lucía de la Quimantú se movió con los diseños y las impresiones que sacamos de las fotos que José Luis nos había mandado de España… había qué proyectar. Solo faltaba la pintura, y ahí llegó Manuel, poeta pintor de letras publicitarias, también de la Quimantú y dijo que él se ponía con unos tarros porque no iba a poder participar de nada más. Las brigadas complementaron con los colores que faltaban y nos propusimos juntarnos el sábado e invitar más gente. La revista Perro Muerto se comprometió a hacer una olla común, y ya en la mañana del sábado estaba la música fuerte, todos los materiales dispuestos, tuvimos que pasearnos por el barrio con las maderas para que alguno de los obreros de las construcciones que hunden la ciudad (aunque los tipos creen que la encumbran) nos pudiera cortar a la medida necesaria, pero luego de tanto paseo infructuoso terminamos en un almacén consiguiendo un serrucho y cortando nosotros mismos. De ahí en adelante, las fotos cuentan más de lo que nosotros pudiéramos decir. Solo había dos manos que se manejaban en el trazado, el Rola y el Andrés, el resto, le pusimos empeño y color, y resulta que funcionó.
Terminamos el día domingo, haciendo los detalles, ya con menos gente, comiéndonos unas humitas que nos vendieron rebajadas en el mismo almacén del serrucho, y nostalgiando los tallarines con carne de soya de la jornada anterior, pero igual de felices en la locura de constatar lo fácil que es hacer cuando el deseo es profundo.
Por supuesto que los murales estuvieron listos a tiempo para el lanzamiento de la campaña de la revista rebeldía en Chile, en plena biblioteca Nacional, enclave lúgubre que hace sentir que las palabras las nacen los diccionarios y no los pueblos, pero por supuesto también que el transporte para llevarlo al lugar de los hechos se atrasó, y aunque nos habíamos conseguido las dos escaleras tijeras y los permisos para colgarlos del techo del auditorio Sala América, no pudimos instalarlos a tiempo ¿qué hicimos entonces? Bueno lo que correspondía, no más llegó la camioneta, los bajamos y entre 8, dos por cada paño, nos subimos a la tarima… cuidando obsesivamente el orden de los lienzos para que quedara bien montada la imagen… e interrumpimos y los desplegamos a la vista de todos, mientras contábamos esto mismo, aunque más cortito que lo que ahora les relatamos a ustedes.
¿Resultado? nunca nos quedó bien montado, nos fuimos paseando arriba del escenario trasladando para uno y otro lado las piezas a ver si por fin el cuerpo del caballo de zapata lograba juntarse con la cabeza, pero lo único que logró calzarnos bien esa noche fue la risa extensiva y contagiosa que al final terminó siendo la brocha que le puso la firma al cuadro colectivo y que nos hizo apropiarnos del mural.
¿El resto? solo contar que los que así nos juntamos, ahora seguimos articulando acciones, y abrazándonos cada vez un poco más apretado, aunque lo que planificamos no siempre resulte como lo soñamos.
Bueno, hay que irse, quedan otros muros por pintar en esta ciudad tan mentida y mentada por el poder como su enclave en Latinoamérica… pero sepan que aunque muy así, no lo es tanto, aún hay identidad latiendo en las raíces y escabulléndose despacio por esquinas y pasajes que no existen en el mapa del poder, porque son de esas esquinas redondas en donde se para la boca del niño y el pecho de la madre para regalarse el silencio que nos nutre.
Consuelo








