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5. Reflejos e Impresiones

El relato de una breve experiencia

En una comunidad cualquiera, en las montañas del sureste mexicano...

El día pasa despacio, con la tranquilidad de quienes están comenzando a caminar, a construir con el esfuerzo de todos, un futuro digno en la selva lacandona.

Los indígenas trabajan su milpa, construyen la escuela, cocinan, lavan en el río... sabiendo que en cualquier momento pueden aparecer militares y paramilitares a destruir todo lo que se está consolidando, como ocurrió con el mural de Taniperla en 1998, pero ellos miran al frente orgullosos, porque ya han comenzado a caminar.

La guerra de baja intensidad se convierte en algo cotidiano y los compañeros zapatistas resisten su acoso dignamente, intentando resolver los problemas con sus detractores sin que medie la opinión pública. Es por ello que muy poco sabemos de la realidad de nuestros hermanos ahora que el EZLN se mantiene en la sombra ¿Qué está ocurriendo en Chiapas?

Creo que ya somos muchos los que hemos compartido ataques, golpes o amenazas en diferentes comunidades zapatistas, y no podemos silenciar esta realidad. Ellos dicen que “no se han levantado en armas para luchar contra sus hermanos, su lucha es contra el mal gobierno”, por eso el concejo autónomo te pide que no denuncies públicamente lo ocurrido, que prefieren arreglarlo entre ellos.

Sin dar nombres, ni concretar espacio y tiempo, me gustaría relatar una breve experiencia que afortunadamente no tuvo mayores consecuencias, por lo menos a corto plazo, pero que a la larga va haciendo mella en aquellos que lo sufren diariamente.

Me gustaría transmitirlo tal y como lo sentí en su momento, quizá con un discurso algo desorganizado, pero creo que es la mejor forma de mantener intactas mis emociones, ya que una vez pasado el tiempo comienzas a racionalizar lo ocurrido. Por eso voy a compartir con vosotros fragmentos de lo que escribí en su momento...

“ (...) Los ataques priístas fueron a más, de hecho, en el camino paramos en una comunidad cercana y ya nos acosaron, te agarraban del brazo haciendo preguntas de hacia donde íbamos, uno de ellos se subió al autobús y tuvimos que echarle y algunos fueron amenazados personalmente. Sabían perfectamente donde íbamos, y a una compañera alemana le llegaron a decir “dile a Checo que tenga cuidado”.

Este fue el primer contacto que tuve con los priístas, y más que miedo, sentí incertidumbre. No puedes dar información, aunque ellos ya saben las respuestas, y eso hace que estés en estado de alerta y crezca la desconfianza cuando se paran a hablar contigo y sobre todo, me desorientaba pensar que nunca podría diferenciar a un indígena priísta de un compa zapatista a no ser que llevasen puesto el paliacate.” (...)

La última noche el ataque ya fue mas organizado, ya no eran simples borrachos, pero tampoco creo que fuesen paramilitares, no iban armados. Estábamos bailando y pintando unos carteles para la entrada de la escuela cuando el ambiente se empezó a poner tenso. Todo el mundo empezó a correr, los hombres empezaron a arrancar palos de los puestos, los perros ladrando, las mujeres gritaban y se colocaban en grupos con los niños cerca del final de la comunidad, supongo que para poder salir corriendo hacia la selva en caso de que fuese necesario. Muchos niños lloraban y podías ver como temblaban de miedo, el hijo de un compa muy querido nos decía “aquí va a pasar algo”y no paraba de temblar.

Hasta ese momento, incertidumbre, gritos en tzeltal y mucho movimiento, más que noches anteriores. Yo seguía sin diferenciar a nuestros agresores, lo que hace que el miedo aumente y también la desconfianza, ya que crees que cualquiera que se te acerca corriendo va a por ti.

De repente, vinieron corriendo a buscarnos para que nos metiésemos en una casa. Cuando todo el grupo de sociedad civil corría hacia allá en la oscuridad, vimos desde lejos que un grupo de compas iban en la misma dirección corriendo con los palos en alto. Silvia y yo nos quedamos paradas en la cancha de baloncesto, con dos capacitadores de educación y el médico. Un compa nos dijo que nos quedásemos ahí, que así estábamos controlados por ellos. Además, nosotras preferíamos permanecer en espacio abierto para ver que estaba ocurriendo y poder correr con las mujeres en el caso de que la cosa se pusiese peor, antes que encerrarnos en una casa a escuchar los gritos y las carreras de afuera.

Pero José Luis vino muy nervioso a buscarnos, con un palo en la mano, para que nos escondiésemos con el resto de la gente. Decía que esto ya iba en serio, que esta vez eran muchos y que así (o parecido) empezó el conflicto en Taniperla, en 1998, y como sabemos, terminó entrando el ejército a quemarlo todo, expulsando del país a parte de la sociedad civil y encarcelando a otros, después de palizas y torturas.

Muchas de esas personas estaban otra vez allá entre nosotros, descubriendo que después de 7 años hay cosas que no han cambiado. Una de las chicas expulsadas, no había vuelto a México desde entonces, su rostro reflejaba el pánico que estaba rememorando.

Nos metimos en una casa, y todos los compas estaban con palos por los alrededores, los priístas tiraban piedras, y se oían gritos, pero yo no vi nada. Teníamos a una niña con nosotros, no sabíamos quienes eran sus padres ni donde estaban, ella estaba bloqueada, con la mirada perdida, sin hablar... mientras tanto Anne se esforzaba por hacerla reír.

Nuestra tarea hasta el momento, tranquilizarnos a nosotros mismos y esperar. A mi personalmente me ayudó mucho estar con gente que ya había pasado por esto más veces, sociedad civil que trabaja y colabora con las comunidades zapatistas desde hace mucho tiempo, que con su carácter y su afecto lograron transmitirme mucha paz. “A nosotros no nos va a pasar nada, decían, somos sociedad civil y los priístas no se pueden permitir entrar en un conflicto internacional. Nuestra misión es informar de todo lo que pudiera pasar”

De repente un compa entró en la casa y nos pidió que fuésemos a por las cámaras de fotos, que teníamos que estar preparados en caso de que fuese necesario. Ese fue uno de los momentos de máxima tensión, ¡si ni siquiera se a quien tengo que hacerle las fotos! ¡por favor, que se pongan los paliacates!

En décimas de segundo te paras a pensar cuál es tu papel y qué haces ahí, y parece que una obligación moral emerge desde adentro y hace que pierdas el miedo a todo. Ves como compañeros que han sido victimas de otros ataques siguen allá, porque es más fuerte el espíritu de lucha y resistencia que transmiten los compas que el miedo que surge de forma innata. Esto es algo difícil de entender, y yo personalmente nunca pensé que podría ocurrirme, porque de verdad que me acojono en seguida, pero ha tenido que ocurrir esto en el sureste mexicano para que descubra una parte de mí que desconocía.

Por suerte todo quedó en eso, agredieron a algunos compas y poco más.

Lo más alucinante de todo es la capacidad y el espíritu optimista de esta gente, la música volvió a sonar y todos volvimos a la cancha de baloncesto a seguir bailando y a seguir pintando. "Vienen a destrozar nuestra fiesta, y no lo van a conseguir" Las patrullas de seguridad seguían dando vueltas, pero por lo demás, parecía que nada había pasado. (...)”

Esto, que para nosotros se convierte en algo excepcional que nos ayuda a comprender la realidad de las comunidades zapatistas hoy en día, es algo cotidiano en sus vidas, además se une el asedio por parte de los campamentos militares que se encuentran a pocos metros.

Todo ello contribuye a desarrollar lo que desde la psicología se denomina “indefensión aprendida”, no saber cuando y como va a aparecer el peligro, lo que genera un estado constante de alerta que se asocia con determinados estímulos como podría ser, en este caso, el hecho de que llegue la noche.

Aunque esto es algo que ellos mismos no transmiten, ya que se resisten los asedios con enorme dignidad y tranquilidad, es posible que a largo plazo esté haciendo mella en su personalidad, y sobre todo en los más pequeños y más indefensos, que muchas veces no llegan a exteriorizar sus miedos y ansiedades de forma directa, transformándolos en conductas que pueden dirigirse hacia los 2 polos más extremos: encerrarse en sí mismos, volviéndose excesivamente pensativos para su edad, o todo lo contrario, conductas violentas hacia sus iguales.

Todo esto son suposiciones, sin ninguna base contrastada ni estudio profundizado sobre el tema, son simplemente mis modestas impresiones tras un breve periodo de convivencia que quería compartir con todos vosotros. Necesitaría pasar mucho más tiempo entre ellos para atreverme a determinar una afirmación como ésta. ¿Alguien quiere financiar mi investigación?

Itzíar Fernández Cortés