
Argentina siempre ha sido un país por una parte con una tupida red de asociaciones civiles, por otra cuna de guerrilleros legendarios con impronta internacionalista, como Che Guevara o Hugo Irurzun. Por todo ello no es de extrañar que existan decenas de colectivos de solidaridad con la causa zapatista. Un encuentro de estos grupos en agosto de 1998 en la ciudad de Bahía Blanca, al sudoeste de la provincia de Buenos Aires, tuvo precisamente como actividad final la reproducción del mural de Taniperla. En él, según cuentan los organizadores, se reunió una “mezcla rara de locos, rebeldes, enmascarados, mapuches, monjas rebeldes, okupas, maestros..., en una Universidad por primera vez abierta y desacartonada”.
La Universidad Nacional de Bahía Blanca, en efecto, cedió sus instalaciones para el encuentro e incluso una de sus paredes para pintar el mural. Y allí permaneció intacto hasta el año 2000 cuando fue cubierto por una gruesa capa de pintura verde. “Nos dijeron que el Consejo Superior Universitario había dado la orden porque estaban preparando los pabellones para pintar, pero han pasado los años y la pintura no ha llegado, lo que pone en evidencia que lo que querían era destruir el mural”, dicen. “Fue tan real la metáfora del espejo que también fue destruido, como el original. Fíjate que la idea de pintarlo era que se reflejara como los espejos. Destruir un mural significaba que aparecerían muchos más”. Existen, de hecho, algunos espejos más en Argentina: en Rosario; o en Bariloche, en Patagonia, donde el mural fue pintado en la tapia del cementerio. Fue en marzo de 1999, sobre un muro de 35 metros, durante una jornada en la que además una Red de Radios Comunitarias abrió sus micrófonos para dar voz a los excluidos que, junto a los artistas, allá se convocó y se dieron cita: alcohólicos, jóvenes desempleados...
La pintura sobre la pared del cementerio, tenía de hecho un valor simbólico, pues se trataba de dar vida, fuerza y esperanza a los “muertos”, a los excluidos, a los nadies del planeta; de hacerles comprender, en suma, la metáfora del espejo, ese espejo que cuando se rompe no se destruye, sino que convierte sus añicos, sus esquirlas, en decenas de pequeños espejos.
Fuente: reportaje "El Mural Mágico" de Patxi Irurzun




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